De acuerdo a un informe de la Universidad Católica Argentina (UCA), en casi un año, se registraron 1,5 millones más de pobres y unos 600.000 indigentes más en la Argentina.
La pobreza pasó de 29% a fines de 2015 hasta 32,9% en el tercer trimestre de 2016. En tanto, la indigencia subió a 6,9 por ciento. En la Argentina hay 2,7 millones de personas que sufren hambre y 13 millones de pobres con datos actualizados a septiembre del año pasado.
Tanto para la pobreza como para la indigencia, son los mayores niveles registrados desde 2010. "Las medidas de ajuste económico, el contexto internacional adverso, la política anti-inflacionaria y la rezagada inversión privada y pública habrían agravado el escenario de crisis, más recesivo y adverso en materia de empleo y poder adquisitivo para amplios sectores sociales", se sostuvo en el informe para explicar el peor escenario.
El informe señala que las tasas de pobreza e indigencia "retomaron los niveles de 2009" pero "muy lejos de crisis sociales atravesadas históricamente por el país" como la del 1988-1990 o 2001-2002.
"Si bien este shock habría sido mucho más fuerte durante el primer semestre del año, la situación no se habría revertido durante la segunda parte del año. El proceso habría generado un mayor deterioro laboral y en los ingresos de los sectores medios bajos informales, así como una profundización de la indigencia en los sectores más vulnerables", informó la UCA.
En tanto, destacó que "si bien en el segundo semestre se registró una baja notoria en el ritmo inflacionario y, al final del mismo, habría tenido lugar una efectiva recuperación del empleo, hacia el tercer trimestre del año no se evidenciaban cambios significativos en el nivel de actividad ni en la demanda laboral".
Un examen más detallado da cuenta de que una caída en las tasas de indigencia, tanto a nivel de hogares como de población, entre 2010 y 2013. Esto debido al protagonismo que asumieron las políticas de transferencia de ingresos hacia los sectores más vulnerables, incluso, a pesar de la alta inflación registrada durante el período. Entre 2014 y 2015, la indigencia exhibió una evolución levemente descendente, para luego volver a crecer en 2016, alcanzando los niveles que se registraban en 2010
Por su parte, las tasas de pobreza habrían experimentado una importante reducción entre 2010 y 2011, en el marco de un proceso de reactivación económica y mejoras en las políticas laborales y sociales. Luego, estas tasas evidenciaron una tendencia ascendente entre 2012 y 2015, con relativo estancamiento durante ese último año. El impacto inflacionario de la devaluación, sumado a los efectos recesivos de las medidas de ajustes adoptadas, elevaron nuevamente las tasas de pobreza en 2016. Sin duda, las tasas de indigencia y pobreza revelan una tendencia desfavorable entre el 4to trimestre 2015 y 3° trimestre 2016. Tal como se señaló, en la fase reciente -a partir de 2016- el impacto de la devaluación, las medidas anti-inflacionarias, el contexto internacional adverso y el rezago de la inversión privada y pública habrían generado un escenario crítico, aún más recesivo y adverso en materia de empleo y poder adquisitivo para amplios sectores sociales. Si bien este shock habría sido mucho más fuerte durante el primer semestre del año, la situación no se habría revertido durante la segunda parte del año. El proceso habría generado especialmente un deterioro laboral y en el nivel de ingresos de los empleos de sectores informales (ODSA, 2016c). 3
En este contexto, a pesar de una serie de medidas sociales compensatorias, la indigencia alcanzó al 6,9% de la población a fines del período analizado, dando cuenta de un aumento de alrededor de 600 mil personas en situación de indigencia entre 2015 y 2016 (acumulando alrededor de 2,7 millones de personas indigentes al tercer trimestre de 2016). La tasa de pobreza, por su parte, ascendió de 29% -a fines de 2015- a 32,9% en el tercer trimestre de 2016, lo cual significaría un aumento de 1,5 millones de nuevos pobres (cerca de 13 millones de personas por debajo de la línea de pobreza). Estos niveles serían los más altos de los registrados desde 2010 a la fecha.
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